Texto Bíblico: Marcos 12.28-34, VRV 1960
Lección del Evangelio, 4 de noviembre de 2012, 31er domingo del Tiempo Ordinario
A través de las pasadas semanas, y particularmente este próximo martes, electores/as en los EE.UU. ejercen el más fundamental ejercicio de una democracia - el voto. En los EE.UU., la presidencia de la república, miembros de la legislatura federal y de legislaturas estatales, y algunas gobernaciones y otros puestos locales están ante la consideración del electorado. También habrán varias preguntas legislativas o de enmienda constitucional en algunos estados.A través de la larga, y en ocasiones cruel, temporada política, que se centró basicamente en las elecciones presidenciales, se han hecho llamados al ejercicio electoral basado el uso y abuso de las más nobles esperanzas de la ciudadanía. Sea en asuntos de la economía nacional y su impacto en la capacidad de empleo, o en la posición de los EE.UU. en el mundo, el discurso político se ha dedicado a criticar el actual gobierno, o a identificar el compromiso del candidato de la oposición con la libre empresa, y por lo tanto su lejanía de la realidad de la clase obrera y media estadounidense.
En cualquier caso, la maquinaria oficialista y de la oposición a logrado hartar la paciencia de la ciudadanía con anuncios que, lejos de presentar las plataformas de gobierno de los partidos, lo que han hecho es llenar las hondas radiales, televisivas y electrónicas de ataques - algunos sin fundamentos, muchos banales mentiras - que lo que han logrado es polarizar la conciencia política del pueblo, y buscar votos en ignorantes fidelidades partidistas y dogmáticas.
Y en medio de toda esta discusión, que sin remedió influenciará la conciencia electoral, está la Iglesia - el pueblo de Dios - muchos de los cuales participarán activamente en las urnas. La propaganda de la oposición (y no seamos ingénuos ante el oficialismo) ha polarizado igualmente al cristianismo estadounidense. En vez de la clásica división entre liberales y conservadores buscando un pensamiento que, desde cualquier perspectiva, observe la ortodoxia teológica, lo que volvemos a ver son las llamadas derecha e izquierda cristiana, las cuales, desde mi perspectiva, le hacen un servicio flaco al testimonio evangélico. Es en medio de este ambiente polarizado, y de una proyección vaga del evangelio en los EE.UU., que millones de cristianos/as irán a las urnas pedidos a votar con una conciencia informada por sus experiencias de fe y por mandatos bíblicos.
Fue, precisamente, en un ambiente polarizado, en la Judea colonial del siglo 1ero, donde Jesús entra en una conversación con un escriba. Después de varias conversaciones con sacerdotes, políticos, fariseos y saduceos, este escriba, comenta Marcos en su evangelio, parecía sorprendido y aún de acuerdo con las respuestas de Jesús, y parecería querer continuar una conversación más personal. La pregunta que le hace el escriba a Jesús no hace otra cosa que reflejar la polarización de su contexto. Aunque nos parezca una pregunta inocente y simple, para los judíos del s. I el asunto de la "jerarquía" de los mandamientos era cuestión de identidad partidista, de autoridad religiosa, y de poder político. Haya sido a propósito, o un mero reflejo de su contexto, la pregunta era tan densa y cargada como los tiempo que vivían tantos pedidos a vivir social, política y religiosamente con una conciencia informada por sus experiencias de fe y por lo que entendían mandaban las Escrituras.
Jesús, lejos de dar una respuesta simple o cortante, responde con principios que para cualquier judío serían básicos - El Señor es uno, y hay que amarlo como todo lo que se es, y al prójimo hay que amarlo como a uno mismo.
El escriba parece ser convencido inmediatamente, y no sólo repite lo dicho por Jesús en su respuesta. Este escriba anónimo hace, como de inmediato, una conexión entre los fríos requerimientos de la Ley con las más activas proclamaciones de los profetas. Entreteje este hombre moral con acción, ética con testimonio. Amar a Dios con todo lo que se es, y al prójimo como a uno mismo, dijo aquel escriba, "es más importante que todos los holocaustos y sacrificios". (33b)
La propaganda política de este ciclo electoral ha querido disfrazar la búsqueda de ventaja partidista con moral y ética. Y es que es fácil escuchar, y hacerle caso, a esos mensajes que mas o menos nos suenen a lo que creemos creer. Sin embargo, la comunidad cristiana - en las Sagradas Escrituras y en sus tradiciones teológicas - no está llamado a votar por el que más (o menos) diga cosas que nos parezcan cristianas. Como hizo aquel escriba al escuchar y sentir el mensaje de Jesús, estamos llamados a entretejer el pensamiento filosófico con la acción solidaria. Seguir a Jesús nos hace personas que conocen de ortodoxia y hacen ortopraxis.
Narra Marcos que Jesús vió que el escriba había contestado sabiamente, y que su respuesta mostraba que él no estaba lejos del reino de Dios. Quiera Dios inspirar en electores/as cristianas/os un sufragio sabio, que sepa depositar su voto no a base de lo que aparenta bondad, sino a base de una experiencia que conoce a Dios y demuestra a un Jesús activo. Que al votar podamos decir como aquel sabio escriba, "uno es Dios y no hay otro fuera de él; y amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios". Tal vez, con nuestro voto estaremos nosotros, y nuestra comunidad, más cerca del reino de Dios.