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Sunday, November 4, 2012

Celebrando la Reforma Contextualmente


una reflexión compartida con la Primera Iglesia Bautista de Río Piedras (Puerto Rico), leído en su programa radial semanal, Tiempo de Creer
Domingo de la Reforma - 28 de octubre de 2012

Las tradiciones protestantes, y no pocas tradiciones evangélicas, celebran hoy el hecho histórico conocido como la Reforma Protestante. Luego de varias experiencias que transformaron la manera en el el monje agustino, Martín Lutero, vivió su vocación pedagógica y monástica, Lutero comenzó a buscar de que manera las escrituras sagradas llaman a una más fiel y efectiva manera de vivir y proclamar el evangelio. Sus momentos devocionales y su intensa lectura de la Biblia le llevaron a poner en entre dicho 95 prácticas que el liderato eclesiástico de su época enseñaba como autoritario. Su mayor crítica, muy probablemente, fue a la insistencia de algunos jerarcas episcopales, y particularmente algunos en Roma, de que la iglesia (y entiéndase por iglesia, en esta instancia, la jerarquía) tenía la autoridad final para toda interpretación en asuntos de comprensión bíblica, pensamiento cristiano, vivencia de la fe y conducta.

Mucho ha llovido desde entonces. Martín Lutero y los demás reformadores continúan siendo figuras importantes en la historia del cristianismo universal, no sin reconocer las serias críticas que podemos hacer respecto a sus criterios y acciones político-sociales. También nos ha demostrado la historia que no sólo fueron hombres los protagonistas del movimiento reformador. Hubo mujeres cuyas acciones y enseñanzas fueron puntuales para los movimientos reformadores, figuras que debería ser nuestro menester (re)descubrir y (re)conocer. También es muy distinta la tradición que conocemos desde el siglo XVI como el catolicismo romano. Los concilios de Trento (s. XVI), de Vaticano I (s. XIX), y más pertinente el de Vaticano II (s. XX) han cambiado el acercamiento de esta iglesia (entiéndase ahora por iglesia todos los miembros de la misma) al texto bíblico, a la teología, y al ministerio.

Y al celebrar hoy día aquella gesta de hace 495 años, es importante reconocer y afirmar una de las metas que pretendieron impulsar los/as reformadores/as: la democratización del pensamiento cristiano, de la lectura e interpretación bíblica, y de la acción socio-política.

En distintos momentos de sus 113 años de historia, la Primera Iglesia Bautista de Río Piedras (PIBRP) ha realizado acciones y proclamado un evangelio que ha construido sobre ese principio democratizador. La PIBRP ha producido líderes, y en momentos ha tomado posturas como iglesia:
-       a favor de una educación superior accesible y de excelencia, abogando por el establecimiento de un recinto universitario en Río Piedras (UPR, Río Piedras),
-       a favor de un programa educacional y social a nivel secundario que garantizase la preparación de ciudadanos productivos para el país y para el mundo, evidenciado en la aún creciente presencia de mano de obra especializada, colegiada y profesional en la membresía de al iglesia),
-       a favor de una educación primaria que garantice mejores oportunidades de educación secundaria y superior, particularmente para las comunidades pobres que componen mucha de la población riopedrense, evidenciado en el otrora Centro de Desarrollo Infantil (luego Colegio Bautista de Río Piedras), y en el actual Ministerio Rayitos de Esperanza,
-       y en contra del proceso que privó a Río Piedras de su identidad jurídica, pero no ha podido destruir su identidad de pueblo y comunidad.
Y a pesar del tiempo que ha pasado, y de las críticas que tengamos a bien hacerle a líderes del pasado, podemos celebrar porque esta identidad reformadora sigue manifestándose en los ministerios que juntos apoyamos y realizamos desde este histórico lote en la Calle Brumbaugh, junto con el resto de Río Piedras, a través de Puerto Rico, y en el mundo.

Pero para ser una comunidad cristiana que reclame su identidad reformadora tenemos que ser una iglesia dispuesta a continuar reformándose. Cuando los reformadores afirmaron que sólo la gracia, sólo la fe, y sólo la Escritura son suficientes para una vida cristiana robusta y activa, no es basado en un momento o suceso. Al contrario, este principio exige una constante afirmación de la soberanía de Dios sobre la iglesia que impulse a la iglesia a una proclamación encarnada que constantemente revele aquellas cosas que deben reformarse en nuestra vida como comunidad y en nuestra acción proclamadora.

La agencia reformadora del s. XVI, y la que continúa en el s. XXI invita a la iglesia a responsabilidad y a libertad. A una libertad que rompa las cadenas impuestas por líderes pseudo cristianos que pretenden reclamar autoridad sobre las vidas y pensamientos de sus seguidores/as llamándole a la prosperidad y a la conveniencia evangelio, confundiendo adoración y aprendizaje con entretenimiento y auto ayuda, y olvidando comunidad, sustituyéndola con individualidad. Debemos proclamar la libertad que nos da el Espíritu Santo para encontrarnos con Dios y para encontrarnos unos con otros, y que nos lleve a un encuentro con el mundo. Una libertad que nos responsabilice y nos sensibilice con la necesidad en nuestro país y en el mundo de justicia, paz y misericordia. Una libertad que nos lleve a buscar el bienestar de todos, particularmente de los desposeídos, y no el libertinaje que busca el favor gubernamental o el oportunismo político.

Continuemos siendo una iglesia reformadora, que siempre se reforma. Seamos proclamadores de libertad y actores de las buenas nuevas de salvación - encarnando nuestro mensaje en todo lo que decimos y hacemos.